Laura Sánchez de Luzía Sonríe

Laura Sánchez, de mayor quiero ser feliz

No veía el día de volver a compartir con vosotros otra historia bonita escrita de puño y letra por su protagonista. La de hoy, como todas las que ya os compartí por aquí (la de mis asturianas favoritas, Ana Meana y Marta Vázquez) y las que están por venir, me hace especial ilusión, porqué cuenta la historia de una chica muy muy especial.

Laura Sánchez nació el mismo día que Charles Darwin y, de alguna manera, eso la marcó. Bióloga por necesidad y artista por naturaleza, la mezcla perfecta para una mujer curiosa, vital, sentida y apasionada. En su blog, Luzía Sonríe, comparte, a ratitos, su pasión por la ilustración científica, las flores, los animales, los retratos en carboncillo, sus pensamientos, sus viajes… Pero es, sobre todo, en su cuenta de Instagram donde la conoceréis en su máxima esplendor, donde ella brilla y vibra en cada fotografía, en cada retrato, ya sea en el campo, rodeada de la naturaleza que tanto le inspira, o cerca del mar, que siempre la calma.

Os dejo en sus manos. Espero que experimentéis la delicadeza que Laura desprende en sus palabras y os contagiéis por sus ganas de vivir y de ser feliz.

Laura Sánchez de Luzía Sonríe

Luzía Sonríe… surge de lo más profundo de mí. Es mi parte más artística, la niña interna que llevo y que, a pesar del paso de los años y las circunstancias, sigue aflorando cada vez con más fuerza, sigue sonriendo. Lucía es mi segundo nombre. Puesto por mi padre en un arrebato de inspiración en el último momento, sin que ni siquiera mi madre lo supiera (se enteró por casualidad al tiempo). Sin embargo, creo que todo tiene un sentido en esta vida. Y si no lo tiene en un inicio, lo adquiere con el tiempo, por las circunstancias.

 Nací un 12 de febrero, el mismo día que Charles Darwin. Llámalo casualidad o “causalidad” (¿el destino otra vez?), pero los dos compartimos esa afición por observar la naturaleza y por describirla, analizarla y exponerla, desde la ciencia y desde la ilustración. Tengo espíritu aventurero, “asalvajado” y muy de campo, me pierdo emocionalmente en la montaña, pero no soy capaz de alejarme del mar, que me tiene completamente enamorada.

Laura Sánchez de Luzía Sonríe

 Siempre he sido muy curiosa y estudiar es para mí una afición. Me encanta todo lo que tiene vida, desde la célula más simple hasta el organismo más complejo. Me parece fascinante encajar las piezas de la vida y comprender cómo todo tiene un porqué, una relación entre sí y una funcionalidad. Lo que no sirve, desaparece. Lo que adquiere funcionalidad, se vuelve imprescindible.

 Estudié biología por necesidad, para satisfacer mi curiosidad, no con un objetivo profesional definido. Porque yo no soy de esas personas que responden con rotundidad a la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?”. Y, la verdad, hasta hace poco ha sido desconcertante no tener un rumbo establecido, sobre todo porque a nivel social, por desgracia, no es bien recibido. Durante mucho tiempo sentí que estaba perdida al respecto, que no avanzaba de una forma correcta y casi me obsesionaba encontrar “mi elemento”, aquello que se me diera bien y a lo que dedicarme.

Laura Sánchez de Luzía Sonríe

He sentido miedo y culpabilidad durante mucho tiempo, debido a no saber responder a esa pregunta, creyendo estar “rota” como un juguete que sale mal de fábrica. Sin embargo, mi curiosidad y mi necesidad por aprender siempre han hecho que eso no fuera un impedimento para mí y ahora, simplemente he comprendido que ese abanico de actividades y conocimiento tan dispar me han hecho tener una gama más amplia de posibilidades donde elegir. 

Me compongo básicamente de dos partes: una científica y otra artística. Mi parte científica me llevó a especializarme en biología molecular, microbiología y genética, estudiando también Nutrición, que ahora es a lo que profesionalmente me dedico. Y la parte artística es… mi motor.

 

El arte ha formado parte de mí desde niña en forma de música, danza y dibujo. Pero, es sobre todo este último el que ha brotado de lo más profundo de mí sin poder controlarlo, sin miedo, sin ceder a mi autoexigencia, sin llegar a un objetivo. Sólo como forma de disfrutar del momento de dibujar, desde lo más profundo del alma. Abstraerme del mundo y profundizar en el papel, en el polvo del grafito, fluir con cada pincelada de acuarela… Es curioso, dibujar es algo que surge de lo más profundo de mi alma, que me libera de cualquier otra necesidad y que hoy día sé que es “mi elemento” y que responde a esa pregunta de ¿qué quieres hacer el resto de tus días? Dibujar.

Pero, la vida tiene una forma curiosa o drástica de mostrarnos quienes somos. Y solo al tocar fondo uno es realmente capaz de desprenderse, poco a poco, de lo innecesario. Un antes y un después. Y es la capacidad adaptativa que tiene un ser a la adversidad, recurriendo a los conceptos de evolución, la que le permite sobrevivir o no. Y adaptarme, por suerte, nunca me ha resultado difícil.

Mi “antes” era caótico, lleno de dudas, de miedos y de incertidumbres, salpicadas de felicidad. Mi “después” es tranquilo, pausado y feliz, salpicado de situaciones naturales de adversidad. Y entre medio, dos situaciones de lucha por sobrevivir. 

Si bien, yo nunca he estado cerca de la muerte, sí la he sentido apoderarse de mí. Una ocasión fue un accidente y otra un periodo de enfermedad. En ambos casos, pero de forma distinta, comprendí que la vida se desarrolla sobre un fino hilo, delicado pero fuerte, que, en un momento, de forma inesperada, se rompe y desaparece. 

 

Laura Sánchez de Luzía Sonríe

Del accidente guardo una cicatriz a modo de “tatuaje” que me recuerda esa fragilidad de la vida y cuánto he aprendido a disfrutarla. De la enfermedad, el aprendizaje de que toda situación tiene un principio y un final, simplemente hay que continuar luchando, sin plantearse si uno tiene fuerzas o no. Al final resultó ser una celiaquía no diagnosticada que me trastocó el organismo completamente. El “mejor” diagnóstico que me podían dar de todos los posibles. Porque fueron dos años de incertidumbre, miedo y pruebas médicas de todo tipo, mientras yo me iba perdiendo en un cuerpo que sentía se apagaba cada día más. Y fue el apoyo constante de mi marido, que se estrujaba el cerebro para sacarme una sonrisa todos los días y encontrar qué me pasaba, y de mi familia, dando naturalidad a la situación, lo que me ayudaba a sacar fuerzas para continuar.

Y de todo esto surgió “Luzía Sonríe…”. Un proyecto que me rondaba por la mente durante tiempo, pero que no era capaz de darle forma y materializarlo, ya que no comprendía su significado. Y hoy en día no es más que mi agradecimiento a la vida, a cada momento que disfruto como una niña, una forma de abrirme al mundo sin sentirme vulnerable, simplemente feliz por volver a sentir con más fuerza, por expresarme sin miedo y con ganas. Es mi rincón particular de momentos, de mi “yo” más natural y sincero, sin miedo, sin reservas, sin buscar gustar, solo ser. Es la exposición de mi arte, de mi alma y de mi forma de pensar.

Y así comprendí qué quiero ser de mayor… Simplemente, feliz.

Laura Sánchez de Luzía Sonríe

 

Laura, has tocada de lleno mi alma y espero que la de toda la gente que ha leído tu historia. Ahora sé porqué teníamos que contarla, solo con tus palabras, sin límites ni frenos. Lo que cuentas es una historia de superación, de lucha constante por ser quien realmente eres, de ir en busca de la felicidad. Me alegro de que, al final, hayas sabido encontrarla.

Gracias por estar ahí.

Un abrazo!

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