Mi otoño

Mi otoño

Merendar moniatos los domingos por la tarde. Sacar las mantitas del sofá. Comer los últimos tomates de la temporada. Sujetar con las manos un cucurucho de castañas asadas. Dormir tapada. Los colores ocre, marrón, granate y verde oscuro. Dejar la ventana abierta por la mañana y que, al poco tiempo, el frío me recuerde que debo cerrarla. Ir a buscar setas con mi padre y mi padrino. Coleccionar hojas secas (no tengo remedio). Retomar la costumbre de tomarme una infusión calentita a media mañana. Pisar la playa con nostalgia y hacer esfuerzos para oler a sal (¿por qué cuesta tanto olerla cuando no es verano?). Y que me cueste volver a casa, porque echaba de menos el mar. Que se me caiga el pelo como si no hubiera mañana (¿alguien más?). Encender la chimenea de casa de mis suegros por primera vez una tarde de sábado. Robarle a mi marido su camisa de cuadros de franela para estar por casa. Empezar a pensar en los regalos de Navidad (aunque sé que al final me va a pillar el toro como cada año). Volverme completamente melancólica y pensar en posts ñoños que después nunca escribo (el de hoy es una excepción). El olor a mandarina y a tierra mojada. Y el sabor dulce de los panellets y el membrillo. No llevar chaqueta y pelarte de frío. Llevarla y asarte viva. Que me apetezca comprarme ropa peludita y resistirme porque para el frío todavía falta. Cambiar la ropa del armario cuando ya no me queda más remedio. Empezar mi operación bikini particular. Planificar mi año en septiembre y venirme arriba. Tirarme dos o tres semanas para recuperarme del cambio de hora.

Mi otoño

Visitar, como cada año, la Fageda d’en Jordà y sentirme, también como cada año, la protagonista de un cuento de hadas. Volverme loca para captar la esencia del otoño en una foto. Darme cuenta (tarde) de que es imposible. Y luego ver esta foto que tenía en la cabeza, y otra, y otra, en Instagram y, en vez de ofuscarme, sonreir. La col con patata que me prepara mi madre cada vez que vamos al pueblo (acompañada de pepinillos si me quieres ver disfrutar). Ver llover desde la ventana de la cocina mientras horneo un bizcocho. Asimilar, poco a poco, que la luz del día es más ténue y más fugaz. Fliparme con las fotos de hojas de diferentes colores ordenaditas de más a menos, de rojo a verde, de claros a oscuros (de ahí me viene me obsesion por recoger hojas, creo). Ir a buscar madera al bosque con mis chicos y que no nos quepa en el maletero (un clásico). Volver a la (bendita) rutina y relajarme. Escribir una larga lista de To Do’s para final de año y quedarme a medias. Estrenar pijama de manga larga (¡gracias sister!). Empezar a ver alguna serie entre semana, aunque no sea para nada serieadicta (enganchadita estoy a The Last Kingdom). Fantasear con una escapada de fin de semana, aunque al final es probable de que no acabe saliendo. Tener que cambiar el plan del sábado por el mal tiempo y que el plan B sea incluso mejor. Probar una nueva receta de sopa en la Thermomix (minestrone baby!). Ir cada fin de semana al mercado, pasear por las paradas y saludar a los vendedores de siempre. Observar la paciencia con la que mi marido pela las granadas y se las come. Que en Spotify suene Ed Sheeran, Jack Johnson, Norah Jones, Sade, Björk, Leonard Cohen, John Legend.

Mi otoño vuelve a empezar…

2 Comments
  • RUTH FAJARDO
    Posted at 22:33h, 04 octubre

    No puedo sentirme más identificada con mucho de lo que dices, Rosa, Hace dos días empecé a ponerme una camisa debajo del camisón y a tener frío en los pies al meterme a la casa ¡Y qué más me gustaría que poder buscar setas!

    • blogsandroses
      Posted at 06:42h, 05 octubre

      Ayyy esa sensación, Ruth. Es como un volver a empezar, es el inicio del círculo … ❤️❤️❤️ gracias por acompañarme!!!